Primero Dirección · 22 y 23 de octubre en Culiacán.
LA CARRILLA EN EL TRABAJO
En cada empresa que acompaño, hay una práctica que busco eliminar desde el primer encuentro: la carrilla.
Sé que muchos la ven como un signo de camaradería, una forma “ligera” de convivir. Pero detrás de ese humor hay algo que rara vez se admite: la carrilla está sustentada en el escarnio. Es hostilidad disfrazada de broma, crítica disfrazada de cercanía, agresión encubierta en carcajadas.
Y por más que se diga que es “inofensiva”, no lo es.
Porque la autoestima no florece en ambientes donde uno debe aprender a aguantarse “la cura”.
No hay crecimiento sano donde la dignidad tiene que hacerse la fuerte para encajar.
He visto equipos completos disfuncionar por una cultura de burla normalizada.
He visto talentos esconderse para no ser blanco de la próxima broma.
He visto líderes que toleran la carrilla como si fuera un lubricante social… sin notar que lentamente mina la confianza, la seguridad y el sentido de pertenencia.
La carrilla puede parecer una expresión de cercanía, pero no es respeto.
Y sin respeto, no hay verdadera confianza.
Y sin confianza, no hay equipo.
El trabajo es serio. Las relaciones humanas lo son aún más.
Una empresa es una persona moral. Y su mente, su clima, su alma, se construyen con cada conversación, con cada broma, con cada gesto.
Si el liderazgo no pone límites, los límites se desdibujan.
Y lo que parecía inofensivo un día, termina siendo una herida silenciosa otro día.
Una autoestima empresarial sólida se cultiva con verdad, con claridad… y con respeto incondicional.
Así como la carrilla no construye autoestima, el respeto sí la fortalece.
Quizá sea momento de erradicar lo que erosiona en silencio.
Y crear una cultura donde el humor sume, y nunca humille.
Con Dios y contigo:
Gnozin
Psicólogo de Empresas | Autoestima Empresarial
Publicado originalmente en Facebook el 13 de diciembre de 2025. Ver la publicación original (ID de Facebook: 10163300146298257).
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