Un encuentro de almas antiguas
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🌿 Salir a Mazatlán y tener un encuentro de almas antiguas
Hay amistades que no se construyen con el tiempo, sino con la memoria del alma. No hablo de la memoria que se acumula en los calendarios o en los cumpleaños compartidos. Hablo de esa otra, la que se siente como un eco antiguo que nos nombra sin necesidad de presentaciones. Así fue como conocí a Blanca Herrera hace al menos 20 años.
Yo recién iniciaba mi treintena y ella justo la edad que hoy padezco. Pero en cuanto nuestras miradas se encontraron por primera vez, supe que entre nosotros no existía la cronología, sino la sincronía. No tuve que preguntarme quién era ni qué lugar ocupaba en el mundo. La reconocí. La reconocí como se reconoce a los viejos hermanos de un linaje espiritual que no aparece en los registros civiles, pero que está impreso en las fibras más sutiles del ser.
Blanca dirigió INTEGRO: un instituto de psicoterapia Gestalt en Mazatlán. No era solo un centro de formación, era un templo. Allí se formaban terapeutas, sí, pero también se revelaban los mapas internos del alma humana. Allí estudió mi padre, también mi esposa —que en ese entonces era mi novia—. Pero yo, aún sin inscribirme en ningún curso formal, fui un alumno desde el primer día. Porque Blanca jamás se ha fanatizado enseñando con teorías, sino con presencia.
Cada encuentro con ella ha sido como recibir las piezas finales de un rompecabezas que creía estar armando solo. Me encontraba detenido, contemplando la imagen incompleta de mi propio proceso, y entonces, sin advertencia, aparecía ella con un par de piezas en la mano, como quien no quiere interrumpir pero sabe exactamente dónde colocar lo que falta. Y con eso basta. Pocas palabras, ninguna imposición, solo claridad y silenciosa sabiduría.
Lo que más valoro de nuestra conexión es la certeza de estar acompañado por alguien que no necesita entenderme con la mente, porque ya me comprende con el corazón. En su escucha no hay juicio, solo una profundidad que acoge y orienta, como un faro que no grita pero siempre alumbra. Estar con ella es recordar que fuimos hechos de lo divino, que no venimos a esta vida a acumular logros, sino a volver a ese centro silencioso donde habita lo verdadero.
Hay amistades que te hacen sentir que no estás loco por ver el mundo con otros ojos. Blanca ha sido para mí una de esas amistades. Desde el inicio supe que no se trataba de una relación casual. La vi y supe que estaba frente a una bruja de magia blanca, una guardiana de los velos entre mundos. Una mujer que no se asusta de lo invisible, porque ha aprendido a nombrarlo con amor.
Si alguien me dijera que duda de la existencia de este tipo de vínculos, yo no trataría de convencerlo. Solo le diría que cada encuentro humano es una lección cifrada , y que hay almas que nos enseñan no a ser mejores, sino a ser más nosotros mismos. Esta amistad no es de este mundo, pero ocurre aquí. Y eso la hace más real que muchas otras cosas que se presumen de realidad por su duración.
Lo que siento por Blanca no es nostalgia por el pasado, sino una nostalgia de eternidad. Porque en su presencia, mi alma recuerda el lugar del que vino. Y en ese recordar, encuentra quietud.
Con Dios y contigo:
Gnozin
Psicólogo de Empresas | Autoestima Empresarial
Publicado originalmente en Facebook el 18 de octubre de 2025. Ver la publicación original (ID de Facebook: 10163063978753257).