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¿Qué hice yo para llegar hasta aquí?

7 de agosto de 2026

¿Qué hice yo para llegar hasta aquí?

No se trata de culpa. Se trata de ubicación. Mientras no te veas dentro del problema, te quedas fuera de la solución, y quien está fuera solo puede hacer una cosa: buscar responsables. Es perfectamente coherente. Si el origen está afuera, el remedio también. Lo simpático es que esa posición no se declara. Se filtra. Se escapa por el lenguaje antes de que uno alcance a administrarlo.

Escúchate hablar una semana. “Se complicó.” “No se pudo.” “Me hicieron.” “Ya sabes cómo es la gente.” Fíjate en algo: son frases sin dueño. Verbos que ocurren solos. Sujetos que se evaporaron justo antes del punto. Es la gramática de quien mira el problema desde la banqueta.

Y luego están las otras. “Me equivoqué.” “No lo vi venir.” “Lo dejé pasar demasiado tiempo.” “Tomé la decisión sabiendo el riesgo.” Cuestan más de decir, pero tienen una ventaja decisiva: son la gramática de alguien que está adentro del campo. Y solo desde adentro se puede mover algo.

Conviene decirlo, porque aquí se resbala fácil: no todo lo que te pasa lo causaste tú. Hay pérdidas, traiciones y contextos que no elegiste. La pregunta útil no es ¿de quién es la culpa?; esa se responde para cerrar el tema, no para resolverlo. La pregunta útil es ¿cuál es mi parte? Porque tu parte es la única sobre la que tienes mando.

Por eso la humildad no es modestia ni bajo perfil. Es capacidad de ver. Y la arrogancia no es sentirse superior: es tener el campo visual reducido y no saberlo.

Ese es el problema del punto ciego. Por definición, no se ve. Necesita que alguien te lo señale y que tú aguantes escucharlo.

Empieza por escucharte hablar.

Dr. Gnozin Navarro Barreras
Psicólogo de Empresas

Publicado originalmente en Facebook el 7 de agosto de 2026. Ver la publicación original (ID de Facebook: 10164343659753257).