Primero Dirección · 22 y 23 de octubre en Culiacán.

Herida y ego: la culpa original

Herida y Ego

La infancia, ese territorio encantado donde todo parece juego y, sin embargo, se incuban las sombras más persistentes. Allí se fragua una trampa tan sutil que casi siempre escapa a la vigilancia de la conciencia: la trampa de creer que merecemos el daño recibido. No por cálculo, sino por necesidad, el niño que sufre no piensa que el mundo está equivocado, sino que algo en él debe estarlo. Y con ese juicio implacable comienza a edificarse la prisión más íntima: la culpa.

Esa culpa no es la de quien ha actuado mal y lo sabe, sino la más tenaz y corrosiva: la de quien no entiende qué ha hecho, pero intuye que algo imperdonable hay en su mera existencia. Así germina lo que podríamos llamar la culpa original, una especie de superstición del alma que nos hace creer que si sufrimos, es porque lo merecemos. Es una idea absurda, pero fértil; de esas que no necesitan lógica para enredarse en el corazón.

Entonces, para sobrevivir al dolor, aparece el ego: esa máscara que no es vanidad sino escudo. Se forma como costra alrededor de la herida, no para sanarla, sino para evitar que algo la toque otra vez. Y así, confundimos la herida con identidad, la culpa con verdad, el ego con nosotros mismos. No hay malicia en ello, solo torpeza de animal herido.

Pero hay un instante en que algo dentro se rebela. Y ese algo, que no es el ego sino su huésped, se atreve a mirar hacia atrás sin miedo. Entonces vemos la herida, la culpa y el ego como lo que son: reacciones, no destinos. No hay pecado original, sino interpretación equivocada. El desafío no es borrar la infancia, sino leerla de nuevo con ojos adultos. Solo entonces dejamos de ser lo que nos pasó… y empezamos a ser lo que elegimos.

Con Dios y contigo:
Gnozin
Psicólogo de Empresas | Autoestima Empresarial

Publicado originalmente en Facebook el 17 de septiembre de 2025. Ver la publicación original (ID de Facebook: 10162913893978257).

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