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El malestar como brújula

10 de mayo de 2026

EL MALESTAR COMO BRÚJULA

A casi todos nos mintieron sobre lo que es la ansiedad.

Nos dijeron que es un trastorno. Que se medica. Que con respiraciones se va. Que es cosa de los tiempos modernos. Y mientras tanto, miles de empresarios funcionales, exitosos, bien acompañados, despertamos cada mañana con la misma sensación: hago todo bien, y sin embargo, algo no está bien.

Esta semana, en consultorio, lo volví a ver.
Un fundador de cincuenta y dos años, empresa sólida, hijos estables, matrimonio en pie. Llevaba meses sin dormir bien. Había probado lo de siempre: el suplemento, la app de meditación, el fin de semana en la playa. Nada le acomodaba. Cuando le pregunté en qué parte de su vida sentía que llevaba más tiempo quieto, se quedó callado un rato largo. Después dijo, casi en voz baja: en mí.

No dijo “en mi pareja”. No dijo “en la empresa”. Dijo en mí. Y ahí entendió, sin que yo tuviera que explicarle nada, lo que su cuerpo llevaba meses tratando de decirle. Lo que a muchos de nosotros nos lleva años escuchar.

Hay una zona privada en cada hombre y cada mujer que, como las plantas del jardín, también pide ser regada. Cuando dejamos de hacerlo, esa zona no muere. Se repliega. Y el cuerpo, que es más honesto que la conciencia, lo registra antes que nosotros. No con palabras. Con malestar.

Ahora bien, conviene preguntarnos algo que casi nadie se pregunta: ¿y si esto que duele no fuera un síntoma de que algo está mal, sino de que algo dejó de moverse?

El cosmos entero se expande. El árbol del patio, sin pedir permiso, empuja cada año unos centímetros más hacia arriba. Nuestra vida, mientras estemos vivos, quiere hacer exactamente lo mismo. Y cuando no puede, no se rinde. Se queja. El malestar es esa queja.

No es nuestro enemigo. Es nuestra brújula.
La diferencia entre un empresario que llega a los cincuenta sintiéndose vacío y otro que llega sintiéndose en su sitio casi nunca es el dinero, ni la suerte, ni la pareja. Es una sola cosa: uno se atrevió a preguntarse dónde dejó de crecer. El otro lo tapó con trabajo.

Quizá la próxima vez que aparezca el malestar, en lugar de medicarlo o explicarlo, valga la pena hacernos una pregunta simple: ¿en qué dimensión de mi vida me detuve sin darme cuenta?

La respuesta, te aviso, no suele ser cómoda. Pero las respuestas cómodas casi nunca son las que nos devuelven a nosotros mismos.

Gnozin
Psicólogo de Empresas | Autoestima Empresarial

Publicado originalmente en Facebook el 10 de mayo de 2026. Ver la publicación original (ID de Facebook: 10163961397703257).