El nombre

“El nombre de una persona es para ella el sonido más dulce e importante que pueda escuchar.”

- Dale Carnegie -


Acostumbro a iniciar mis cursos más o menos de la misma manera y con una actividad sencilla. Me presento: doy mis datos generales, al tiempo que le pido a los participantes que hagan lo mismo, respondiendo a las siguientes dos preguntas:

1. ¿Cuál es la historia de tu nombre?, es decir, ¿Cómo fue que te pusieron el nombre que te pusieron?; esta pregunta incluye:

  • ¿Quién decidió nombrarte de esa manera?, o ¿Quiénes?

  • ¿Por qué razón?

  • ¿Con que intención te nombraron de esa manera?

  • ¿Por qué este nombre y no otro?

2. Y la otra pregunta es: ¿Cómo te has vivido con este nombre con el que has venido cargando?, en un intento por abarcar datos como:

  • ¿Te gusta tu nombre?

  • ¿Cómo te gusta que te digan?

  • ¿Alguna vez deseaste cambiarte de nombre?

  • En caso de no estar o no haber estado conforme con el propio nombre: ¿Cómo te hubiera gustado llamarte?

  • ¿Crees que el nombre hace a la persona o que la persona hace el nombre?

Me presento y se presentan contestando dos simples preguntas. Sencillo ¿no?, a golpe de vista no se capta la profundidad de la práctica, sin embargo, me ha tocado escuchar cada peculiaridad en este ejercicio, pues con la historia del nombre se revela algo más que la historia del nombre. Muchas veces se comparten datos y hechos que bajo otras circunstancias no se habrían planteado.

Las personas suelen decir su fecha de nacimiento, los nombres de sus progenitores, abuelos, hermanos y otros parientes, repasando brevemente su historia familiar, si son primogénitos, los últimos, o el típico sándwich como es mí caso. Algunos expresan las creencias religiosas de su familia, sobre todo si las condiciones del embarazo o parto fueron de alto riesgo, y alguno de los padres hizo alguna ofrenda al “santo de su devoción”, también he sabido de divorcios a causa de no ponerse de acuerdo con un nombre, incluso hay personas que vienen cargando con el nombre de algún pariente muerto.

Este es un tema de reflexión porque cada uno tiene una experiencia que reportar, su propia vivencia desde el nombre que porta. Existe mucha gente que declara haber pasado parte de su vida inconforme con su nombre, algunos aún viven incómodos, y a otros, nos tomó tiempo hacer las paces con la manera en que fuimos bautizados.

Por supuesto que también existen quienes toda su vida han disfrutado de su nombre y lo han portado con honor y orgullo. La invitación que aquí te expongo es precisamente que logres indagar y profundizar en la intención por la cual fuiste nombrado precisamente así, como tú te llamas.

Creo que la intencionalidad con la que fuiste nombrado hace resonancia en tu ser y en el sentido de tu vida cada vez que tu nombre es mencionado. Ya sea que te hayan puesto el nombre de algún ancestro perpetrado, o el de algún santo al que a través de tu nombre hayan sobornado, esa intencionalidad es recordada y honrada cada vez que tu nombre es pronunciado. Ahora sí: ¿Sabes cuál es la historia de tu nombre?



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