Amnesia

“Si YO soy Tu y TU eres YO…

¿Quién es más PENDEJO de los dos?"

- Genaro Navarro Rodríguez -

(MI PADRE)

Con las prisas a veces se me olvida, sin darme cuenta ya estoy pensando que tengo la razón. De poco me sirven los logros alcanzados en mis momentos de reflexión, cuando en medio de mis agitados días vuelvo a caer en la sensación de creer que mis nociones acerca de las cosas son la última versión. Descubro que en la medida que mi agenda se aprieta, también se inmovilizan mi consciencia y mi tolerancia con los diferentes puntos de vista. Lo que yo creo no es otra cosa más que lo que yo creo. Lo que yo entiendo, no es otra cosa más que la manera en la que mejor he llegado a comprender en mis representaciones mentales, el funcionamiento de las cosas. Mi entendimiento no es mas que la medida de mi propio entendimiento, y nada más. No es la medida de ninguna verdad universal, o algo por el estilo. Mis planteamientos no son más que la expresión de mi propia manera, con todas mis carencias y limitaciones personales, de ver las cosa.

Esto, con las prisas, a veces se me olvida. Se me olvida que gracias a que yo soy yo y tú eres tú, yo puedo ser yo y tú, puedes ser tú. Entonces dejo de tener presente que gracias a nuestras diferencias tenemos nuestras individualidades. Si tú y yo fuéramos iguales, ninguno de los dos pudiéramos ser diferentes, es decir, yo no pudiera ser yo, ni tú pudieras ser tú. Gracias a que yo pienso, siento y experimento diferente a como tú lo haces, podemos distinguirnos el uno del otro.

Aunque esto parezca tan básico y elemental, se me olvida. Ignoro la bendición de nuestras diferencias cuando espero que el otro vea las cosas tal como yo lo hago. Cuando quiero que otro crea lo que yo creo. Cuando en nombre de la razón quiero imponer la mía, y me molesto o se activa mi intolerancia, simplemente porque el otro no comparte conmigo las mismas nociones. A veces me gana mi necesidad de reafirmar lo que pienso queriendo convencer (vencer-con) al otro para que piense igual que yo. Olvido por completo que el ganador de una discusión no es quien logra imponer su visión sino quien la amplía. Paso por alto que es la suma lo que añade y no la resta. Esto último que aprendí empezando la primaria aún lo sigo olvidando.

He aquí el drama humano:

Es gracias a nuestras diferencias que cada cual es cada quien, y en nombre de las mismas se puede poner en marcha desde un pleito doméstico, a una guerra entre naciones. Si tan solo pudiéramos estar en paz con la idea de que nuestras diferencias son las que nos permiten distinguirnos no hubiera tanto escándalo al respecto, sin embargo puedo reconocer que me cuesta trabajo ceder. Soy tan recio de entendimiento que fácilmente llego a la necedad. Y es que ¿cómo no lo voy a ser si muchas de mis creencias las he parido con la experiencia? Y estoy tan encariñado con las conclusiones a las que he llegado acerca de la vida que cuando alguien pone en duda mis planteamientos tengo la sensación de estar siendo atacado personalmente. Puedo entender que practicando un enroque epistémico como el sugerido por mi padre al inicio de esta columna lograría ejercitar la flexibilidad y plasticidad de mis pensamientos.

Así estaría en disposición de desarrollar mayor apertura a otros puntos de vista y enriquecer mi vida interior sumando y multiplicando sentires y pensares antes de restarlos ó dividirlos. Resta y división solo debilitan en tanto suma y multiplicación fortalecen. El cuerpo humano nos brinda la evidencia de este hecho cuando fundimos las miradas de nuestros ojos, cuando coordinamos el andar distribuido a dos piernas: siempre la suma es mas que la suma en tanto el dividendo es menor que lo dividido.


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