Administrar la ayuda

Lo más sensato que podemos hacer respecto a la práctica de la ayuda es administrar nuestra bondad. Ponerle ciertos candados al voluntariado. Definir e instrumentar a quiénes, en qué condiciones y de qué manera estamos dispuestos a ayudar. La máxima dice: no puedes dar lo que no tienes, si en ese vivirte como buena persona, agotas tus recursos, eventualmente compartirás solo escasez y sus correspondientes "disgutos" y “malestares” en vez de los "gustos" y “bienestares” derivados de una saludable autoestima. Ahora reconozco que pensar en mi no es egoísmo; sino autoestima. Según Natanahel Branden en su libro "Los 6 pilares de la autoestima" puntualiza que los dos primeros y principales factores para tener una autoestima saludable son la autovaloración y el reconocimiento de la eficacia personal. Los primeros pasos a dar en estos dos factores son escuchar nuestras necesidades, legitimarlas y respetarnos al honrarnos satisfaciéndolas. Recordemos: no podemos dar lo que no tenemos; entonces, si no tienes amor, atención y cuidado para ti, ¿cómo puedes dar amor a los otros?

Autoestima significa estar en paz con uno misma, por uno mismo, y saber que podemos ser felices con los demás en la medida que nos aceptamos a nosotros mismos y a ellos tal cual son. El egoísmo es atentar contra la libertar fundamental del otro y aspirar a que haga algo que no quiere hacer, solo porque pensamos que es lo mejor el otro. Sobre la misma lógica podemos influir en la conducta de otros de forma saludable cuando atendemos nuestras preferencias y hacemos aquellas cosas que queremos hacer; de esta manera le mostramos que tiene derecho a honrar sus necesidades, deseos y querencias sin atentar contra otros. El egoísmo consiste en no aceptar a los demás como son. Pretender cambiarlo al decirle: “tú te comportas mal, esto se hace como yo digo”, es desprecio enmascarado. La disposición mas sabia sería decirnos: “¿qué necesito cambiar en mí para poder aceptarte y ser realmente de ayuda para ti?” Cada uno de nosotros tenemos la responsabilidad de cuidarnos, de escuchar nuestras necesidades y buscar la forma más sabia de vivir. Esto implica ponernos en el centro de nuestras vida y dejar de pensar que no es correcto hacerlo. Al contrario, olvidarnos de nosotros, dejamos de desatender nuestras propias necesidades, agotaríamos nuestros recursos para eventualmente dejar de tener algo que dar.

El autocuidado es intransferible: solo tú puedes respirar por ti, comer por ti, pensar por ti... y, en definitiva, vivir por ti. Del mismo modo, solo los demás pueden vivir por ellos. Importa mucho más lo que tú piensas de ti mismo/a que lo que los demás piensan de ti.

Quedo con Dios y contigo:

yosoy@gnozin.com


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